Pido que Dios les ilumine la mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a su pueblo santo, y cuán grandioso y sin límites es su poder, el cual actúa a favor de nosotros los creyentes. Este poder es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en las regiones celestiales, lo puso por encima de todo gobierno, autoridad, poder y señorío, o por encima de cualquier otro nombre que se invoque, tanto en este tiempo como en el venidero.