20
El sepulcro vacío
(Mt 28,1.8; Mc 16,1-4.7; Lc 24,1-39.12)
1El primer día de la semana*, muy de mañana, antes incluso de amanecer, María Magdalena fue al sepulcro y vio que estaba quitada la piedra que tapaba la entrada. 2Volvió entonces corriendo adonde estaban Pedro y el otro discípulo a quien Jesús tanto quería y les dijo:
—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
3Pedro y el otro discípulo salieron inmediatamente hacia el sepulcro. 4Iban corriendo los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más deprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5Se asomó al interior y vio las vendas de lino en el suelo; pero no entró. 6Después, tras sus huellas, llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro. Vio las vendas de lino en el suelo 7y vio también el paño que habían colocado alrededor de la cabeza de Jesús. Solo que el paño no estaba en el suelo con las vendas, sino bien doblado y colocado aparte. 8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9Y es que hasta entonces no habían entendido la Escritura, según la cual Jesús tenía que resucitar triunfante de la muerte. 10Después, los discípulos regresaron a casa.
Aparición a María Magdalena
(Mc 16,9-11)
11María se había quedado fuera, llorando junto al sepulcro. Sin cesar de llorar, se asomó al interior del sepulcro 12y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13Los ángeles le preguntaron:
—Mujer, ¿por qué lloras?
Ella contestó:
—Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14Volvió entonces la vista atrás, y vio a Jesús que estaba allí, pero no lo reconoció. 15Jesús le preguntó:
—Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién estás buscando?
Ella, creyendo que era el jardinero, le contestó:
—Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo.
16Entonces Jesús la llamó por su nombre:
—¡María!
Ella se volvió y exclamó en arameo:
—¡Rabboní! (que quiere decir «Maestro»).
17Jesús le dijo:
—No me retengas, porque todavía no he ido a mi Padre. Anda, ve y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es también el Padre de ustedes; a mi Dios, que es también el Dios de ustedes.
18María Magdalena fue a donde estaban los discípulos y les anunció:
—He visto al Señor y esto es lo que me ha encargado.
Jesús se aparece a los discípulos
(Lc 24,36-49)
19Aquel mismo primer día de la semana*, al anochecer, estaban reunidos los discípulos en una casa, con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
—La paz esté con ustedes.
20Dicho lo cual les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús volvió a decirles:
—La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes.
22Sopló entonces sobre ellos y les dijo:
—Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.
Jesús y Tomás
24Tomás, uno del grupo de los doce, a quien llamaban «el Mellizo», no estaba con ellos cuando se les presentó Jesús. 25Así que le dijeron los otros discípulos:
—Hemos visto al Señor.
A lo que Tomás contestó:
—Si no veo en sus manos la señal de los clavos; más aún, si no meto mi dedo en la señal dejada por los clavos y mi mano en la herida del costado, no lo creeré.
26Ocho días después, se hallaban también reunidos en casa los discípulos, y Tomás con ellos. Aunque tenían las puertas bien cerradas, Jesús se presentó allí en medio y les dijo:
—La paz esté con ustedes.
27Después dijo a Tomás:
—Trae aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en la herida de mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.
28Tomás contestó:
—¡Señor mío y Dios mío!
29Jesús le dijo:
—¿Crees porque has visto? ¡Dichosos los que crean sin haber visto!
Finalidad del evangelio
30Jesús hizo en presencia de sus discípulos otros muchos milagros que no han sido recogidos en este libro. 31Estos han sido narrados para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida por medio de él.
Loading reference in secondary version...