1
Hay que amar la justicia y confiar en Dios
1Ustedes,
gobernantes de la tierra,
practiquen la justicia;
y busquen a Dios con sinceridad
para que lleguen a conocerlo.
2-3Sólo encuentran a Dios
los que confían en él;
los que lo ponen a prueba
sólo encuentran confusión.
Dios se da a conocer
a los que en él confían;
pero rechaza por completo
a los que piensan en la maldad.
4La sabiduría no está
donde viven los corruptos.
Ella no vive en medio del pecado.
5El espíritu de Dios nos da sabiduría,
nos enseña a odiar la mentira
y los malos pensamientos.
¡La sabiduría que Dios nos da
no vive en medio de la injusticia!
Dios nos conoce
6La sabiduría es nuestra amiga,
pero no perdona al que habla mal de Dios.
Dios conoce nuestros deseos
y nuestros pensamientos,
y hasta escucha
todas nuestras conversaciones.
7Su espíritu está presente en todas partes,
todo lo sostiene y mantiene unido,
y escucha todas las palabras.
8Por eso, los malvados no podrán esconderse
ni escaparán al castigo de Dios.
9Dios examina el pensamiento de los malos;
Dios oye todo lo que ellos dicen.
Los malvados no pueden esconderse de Dios.
10Dios escucha con atención
hasta lo que se dice en voz baja.
11Por eso, apártense del chisme
y de las malas palabras.
Hasta la palabra más inocente
puede causar grandes desgracias;
las mentiras acaban con la gente.
Dios nos creó para la vida
12No hagan lo malo,
ni desobedezcan a Dios,
pues de lo contrario
les caerá la desgracia
y los alcanzará la muerte.
13Dios nos creó,
pero no para la muerte;
a él no le gusta destruir a la gente.
14Él creó todo lo que existe,
y todo lo que hay en el mundo
es saludable y no provoca la muerte.
La muerte no gobierna este mundo,
15y la justicia dura para siempre.
Así piensan los malvados
16Los malos coquetean con la muerte;
la consideran su amiga
y la buscan con todas sus fuerzas.
Se han puesto de acuerdo con ella,
y son el uno para el otro.
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