Introducción
El evangelista Lucas comienza por dedicar su evangelio a un amigo suyo, llamado Teófilo, para que éste llegue a conocer bien «la verdad» acerca de Jesús (1.1-4). Aunque Lucas comparte con Mateo y Marcos muchos detalles de la vida de Jesús, también presenta otros que le dan a su evangelio un toque de originalidad. Por ejemplo, Lucas nos dice más que Mateo acerca del nacimiento de Jesús (capítulos 1-2), el cual se presenta junto con el nacimiento de Juan el Bautista. Además, al hablar de los antepasados de Jesús, Lucas hace notar que Jesús, como Adán, era hijo de Dios (3.38), aunque la gente creía que era hijo de José (3.23).
Hay algunas enseñanzas de Jesús que sólo aparecen en este evangelio. De ellas, las más notables son el ejemplo del padre amoroso (15.11-32) y el de un extranjero compasivo (10.25-37). Lucas se muestra interesado en señalar que Dios ama también a la gente de otros pueblos, y que muchas veces los extranjeros son los más agradecidos (17.11-18).
Un detalle interesante es que Lucas dedica gran parte de su evangelio para hablar del viaje de Jesús a Jerusalén (9.51—19.27). Para Lucas, la vida de Jesús consistió en caminar siempre cuesta arriba, como si desde un principio hubiera estado subiendo al cerro donde fue crucificado (23.33). Pero también hace notar que Jesús «decidió ir hacia Jerusalén» porque «ya se acercaba el tiempo en que Jesús debía subir al cielo» (9.51). En efecto, así es como Lucas termina su evangelio: después de que Jesús fue crucificado, y murió y resucitó, «fue llevado al cielo» (24.51).
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