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1. LOS COMIENZOS DEL REINADO DE DAVID: EL PACTO DE DIOS CON DAVID; LAS CAMPAÑAS MILITARES Y LA UNIFICACIÓN DEL REINO
(1.1—8.18)
David se entera de la muerte de Saúl
1Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de derrotar a los amalecitas, estuvo dos días en Siclag. 2Al tercer día, llegó uno del campamento de Saúl, con los vestidos rotos y la cabeza cubierta de tierra. Cuando se presentó ante David, se postró en tierra e hizo una reverencia. 3David le preguntó:
—¿De dónde vienes?
—Me he escapado del campamento de Israel —le respondió él.
4—¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas —le preguntó David.
—El pueblo huyó de la batalla; han caído muchos del pueblo y murieron. También Saúl y su hijo Jonatán murieron —respondió él.
5Dijo David a aquel joven que le daba la noticia:
—¿Cómo sabes que han muerto Saúl y su hijo Jonatán?
6El joven que le daba la noticia respondió:
—Casualmente fui al monte Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza; tras él venían carros y gente de a caballo. 7Se volvió y al verme me llamó; yo respondí: “Heme aquí.” 8Me preguntó: “¿Quién eres tú?” Yo le respondí: “Soy amalecita.” 9Luego me dijo: “Te ruego que te acerques y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues aún sigo vivo.” 10Yo entonces me acerqué y lo maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída. Tomé la corona que llevaba sobre su cabeza y el brazalete que tenía en su brazo, y se los he traído aquí a mi señor.
11Entonces David, tirando de sus vestidos, los rasgó, y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12Lloraron, se lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, pues habían caído al filo de la espada. 13David preguntó luego a aquel joven que le había traído la noticia:
—¿De dónde eres tú?
—Soy hijo de un extranjero, amalecita —respondió él.
14—¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? —le dijo David.
15Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo:
—Ve y mátalo.
Él lo hirió, y murió, 16mientras David decía:
—Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, al decir: “Yo maté al ungido de Jehová.”
Lamento de David por Saúl y Jonatán
17David entonó este lamento por Saúl y Jonatán, su hijo, 18y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. Así está escrito en el libro de Jaser:
19«¡Ha perecido la gloria de Israelsobre tus alturas!
¡Cómo han caído los valientes!
20No lo anunciéis en Gat,
ni deis las nuevasen las plazas de Ascalón;
para que no se alegrenlas hijas de los filisteos,
para que no salten de gozolas hijas de los incircuncisos.
21»Montes de Gilboa,
ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros,
ni seáis tierras de ofrendas;
porque allí fue desechadoel escudo de los valientes,
el escudo de Saúl,como si no hubiera sido ungido con aceite.
22»Sin la sangre de los muertos,sin la grasa de los valientes,
el arco de Jonatán jamás retrocedía,
ni la espada de Saúl volvió vacía.
23»Saúl y Jonatán, amados y queridos;
inseparables en la vida,tampoco en su muerte fueron separados;
más ligeros eran que águilas,
más fuertes que leones.
24»Hijas de Israel, llorad por Saúl,
quien os vestía de escarlata y lino fino,
quien adornaba vuestras ropascon ornamentos de oro.
25¡Cómo han caído los valientesen medio de la batalla!
¡Jonatán, muerto en tus alturas!
26Angustia tengo por ti,Jonatán, hermano mío,
cuán dulce fuiste conmigo.
Más maravilloso me fue tu amor
que el amor de las mujeres.
27¡Cómo han caído los valientes,
cómo han perecido las armas de guerra!»
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