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I. COMIENZO DEL REINADO DE DAVID, PROFECÍA DE NATÁN Y CAMPAÑAS MILITARES
(1—8)
David se entera de la muerte de Saúl#1.1-27 Con este cap. concluye la extensa sección iniciada en 1 S 16.1. Tal continuidad es una prueba más de que 1 y 2 S constituyen una sola obra. El primer libro dio particular relieve a la persona y a las acciones de Saúl; este segundo, en cambio, tiene como figura central a David.
1Después de la muerte de Saúl,#1.1 Después de la muerte de Saúl: Cf. un comienzo semejante en Jos 1.1; Jue 1.1; 2 R 1.1. David volvió a Siclag#1.1 Siclag: Véase 1 S 27.6 n. tras haber derrotado a los amalecitas,#1.1 Amalecitas: Cf. 1 S 30. Véase Ex 17.8 nota  g. y allí se quedó dos días. 2Pero al tercer día llegó del campamento de Saúl un hombre que traía la ropa rasgada y la cabeza cubierta de tierra en señal de dolor.#1.2 Ropa rasgada... dolor: Cf. Jos 7.6; 1 S 4.12. Cuando llegó ante David, se inclinó hasta el suelo en señal de reverencia. 3David le preguntó:
—¿De dónde vienes?
—He logrado escapar del campamento israelita —respondió aquel hombre.
4—¿Pues qué ha ocurrido? ¡Dímelo, por favor! —exigió David.
—Pues que el ejército huyó del combate, y que muchos de ellos murieron —contestó aquel hombre—. ¡Y también murieron Saúl y su hijo Jonatán!
5—¿Y cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto? —preguntó David al criado que le había traído la noticia. 6Éste respondió:
—Pues de pura casualidad estaba yo en el monte Guilboa, y vi a Saúl apoyándose en su lanza y a los carros de combate y la caballería enemiga a punto de alcanzarlo. 7En ese momento él miró hacia atrás, y al verme me llamó. Yo me puse a sus órdenes. 8Luego me preguntó quién era yo, y yo le respondí que era amalecita.#1.8 Yo le respondí que era amalecita: Los amalecitas eran enemigos tradicionales de Israel (cf. Ex 17.8-14; Dt 25.17-19; 1 S 15.2) y el mismo David había combatido poco tiempo antes contra ellos (1 S 30.1-5). Por tanto, la persona y el relato del amalecita que se presentaba como ejecutor de la muerte de Saúl debieron resultar muy sospechosos para David y su gente. 9Entonces me pidió que me acercara a él y lo matara de una vez, porque ya había entrado en agonía y, sin embargo, todavía estaba vivo. 10Así que me acerqué a él y lo maté, porque me di cuenta de que no podría vivir después de su caída. Luego le quité la corona de su cabeza y el brazalete que tenía en el brazo, para traérselos a usted, mi señor.#1.6-10 Este relato de la muerte de Saúl añade elementos no mencionados en 1 S 31.3-5 (cf. 1 Cr 10.1-6), que acentúan el dramatismo de aquel acontecimiento. Sin duda, el amalecita exageró su participación en el hecho, creyendo que con esa mentira obtendría de David una recompensa mayor.
11Entonces David y los que lo acompañaban se rasgaron la ropa en señal de dolor, 12y lloraron y lamentaron la muerte de Saúl y de su hijo Jonatán, lo mismo que la derrota que habían sufrido los israelitas, el ejército del Señor, y ayunaron hasta el atardecer.#1.12 El ayuno formaba parte de los ritos de duelo (cf. 1 S 31.13; 2 S 3.35; Jl 2.12). 13Después David le preguntó al joven que le había traído la noticia:
—¿Tú de dónde eres?
—Soy extranjero, un amalecita —contestó él.
14—¿Y cómo es que te atreviste a levantar tu mano contra el rey escogido por el Señor?#1.14 El rey escogido por el Señor: Lit. el ungido del Señor. En virtud de la unción con el aceite sagrado (véanse 1 S 10.1 nota  c; Sal 2.2 n.), el rey era una persona santa e inviolable. Cf. 1 S 24.6-7; 26.9, donde el mismo David le reconoce a Saúl esos atributos. —exclamó David, 15y llamando a uno de sus hombres, le ordenó:
—¡Anda, mátalo!
Y él hirió mortalmente al amalecita y lo mató, 16mientras David decía:
—Tú eres responsable de tu propia muerte, pues tú mismo te declaraste culpable al confesar que habías matado al rey escogido por el Señor.
Lamento por Saúl y Jonatán
17David entonó este lamento por la muerte de Saúl y de su hijo Jonatán, 18y ordenó que se le enseñara a la gente de Judá.#1.18 La gente de Judá: Heb. añade un arco. Otra posible traducción: y ordenó que se le enseñara a la gente de Judá. Es el canto del arco y se halla escrito en el libro del Justo. Este lamento se halla escrito en el Libro del Justo:#1.18 Libro del Justo: Véase Jos 10.13 n.
19«¡Oh, Israel,
herida fue tu gloria en tus montañas!
¡Cómo han caído los valientes!
20No lo anuncien en Gat
ni lo cuenten en las calles de Ascalón,#1.20 Gat y Ascalón (véase Jos 13.3 nota  c) representan aquí a todo el país de los filisteos. Véase Índice de mapas. Cf. Miq 1.10.
para que no se alegren las mujeres filisteas,
para que no salten de gozo esas paganas.#1.20 Cuando regresaba un ejército victorioso, las mujeres salían a su encuentro con cánticos y danzas (Jue 11.34; 1 S 18.6-7). Cf. también Ex 15.20-21.
21»¡Que no caiga más sobre ustedes
lluvia ni rocío, montes de Guilboa,
pues son campos de muerte!#1.21 Campos de muerte: sentido probable. Heb. campos de ofrendas.
Allí fueron pisoteados
los escudos de los héroes.
Allí perdió su brillo
el escudo de Saúl.
22»Jamás Saúl y Jonatán volvieron
sin haber empapado espada y flechas
en la sangre y la grasa
de los guerreros más valientes.
23»Saúl y Jonatán, amados y queridos,
ni en su vida ni en su muerte
estuvieron separados.#1.23 Ni en su vida ni en su muerte estuvieron separados: Al poner de relieve este hecho, David proporciona un importante dato histórico: la estrecha amistad que lo unió con Jonatán (cf. 1 S 18.1-4) no provocó la ruptura entre el padre y el hijo.
¡Más veloces eran que las águilas!
¡Más fuertes que los leones!
24»¡Hijas de Israel, lloren por Saúl,#1.24 Hijas de Israel, lloren por Saúl: El duelo de las mujeres israelitas contrasta con la alegría de las filisteas (cf. v. 20).
que las vestía de púrpura y lino fino,
que las adornaba con brocados de oro!#1.24 Los guerreros victoriosos traían de regalo a sus mujeres objetos de valor arrebatados al enemigo. Cf. en Jue 5.28-30 el diálogo de las mujeres que aguardaban ansiosamente la llegada de los vencedores con un precioso botín de guerra.
25¡Cómo han caído los valientes
en el campo de batalla!
¡Jonatán ha sido muerto
en lo alto de tus montes!
26»¡Angustiado estoy por ti,
Jonatán, hermano mío!
¡Con cuánta dulzura me trataste!
Para mí tu cariño superó
al amor de las mujeres.
27¡Cómo han caído los valientes!
¡Las armas han sido destruidas!»