YouVersion Logo
Search Icon

Proverbios 11:1-19

Proverbios 11:1-19 TLA

Dios rechaza a los tramposos, pero acepta a los honrados. El orgulloso termina en la vergüenza, y el humilde llega a ser sabio. Al bueno lo guía la justicia; al traidor lo destruye la hipocresía. Cuando te enfrentes al Gran Juez, de nada te servirán las riquezas; solo haciendo lo que es justo te librarás de la muerte. Cuando somos honrados, todo en la vida es más fácil; pero a los malvados su propia maldad los destruye. Cuando somos honrados, estamos a salvo del mal; pero a los traidores su ambición los domina. Cuando mueren los malvados, mueren con ellos su esperanza y sus sueños de grandeza. A los malvados les cae la desgracia, pero los buenos quedan a salvo. Los chismes de los malvados destruyen a sus semejantes, pero a la gente honrada la salva la sabiduría. Cuando los buenos triunfan, la ciudad se alegra; cuando los malvados mueren, todo el mundo hace fiesta. La presencia de los buenos trae bienestar a la ciudad; la presencia de los malvados solo le trae desgracias. El que es imprudente critica a su amigo; el que piensa lo que dice sabe cuándo guardar silencio. La gente chismosa todo lo cuenta; la gente confiable sabe callar. Sin buenos gobernantes, la nación fracasa; con muchos consejeros puede salvarse. Si te comprometes a pagar las deudas de un desconocido, te metes en grandes problemas; evita esos compromisos y vivirás tranquilo. La mujer bondadosa gana respeto, y el hombre emprendedor gana riquezas. Compadécete de los demás y te harás bien a ti mismo; pero si les haces daño, el daño te lo harás tú. Las ganancias del malvado no son más que una mentira; la verdadera ganancia consiste en hacer el bien. El premio del bueno es la vida, y el del malvado es la muerte.

Verse Image for Proverbios 11:1-19

Proverbios 11:1-19 - Dios rechaza a los tramposos,
pero acepta a los honrados.

El orgulloso termina en la vergüenza,
y el humilde llega a ser sabio.

Al bueno lo guía la justicia;
al traidor lo destruye la hipocresía.

Cuando te enfrentes al Gran Juez,
de nada te servirán las riquezas;
solo haciendo lo que es justo
te librarás de la muerte.

Cuando somos honrados,
todo en la vida es más fácil;
pero a los malvados
su propia maldad los destruye.

Cuando somos honrados,
estamos a salvo del mal;
pero a los traidores
su ambición los domina.

Cuando mueren los malvados,
mueren con ellos su esperanza
y sus sueños de grandeza.

A los malvados les cae la desgracia,
pero los buenos quedan a salvo.

Los chismes de los malvados
destruyen a sus semejantes,
pero a la gente honrada
la salva la sabiduría.

Cuando los buenos triunfan,
la ciudad se alegra;
cuando los malvados mueren,
todo el mundo hace fiesta.

La presencia de los buenos
trae bienestar a la ciudad;
la presencia de los malvados
solo le trae desgracias.

El que es imprudente
critica a su amigo;
el que piensa lo que dice
sabe cuándo guardar silencio.

La gente chismosa todo lo cuenta;
la gente confiable sabe callar.

Sin buenos gobernantes,
la nación fracasa;
con muchos consejeros
puede salvarse.

Si te comprometes a pagar
las deudas de un desconocido,
te metes en grandes problemas;
evita esos compromisos
y vivirás tranquilo.

La mujer bondadosa
gana respeto,
y el hombre emprendedor
gana riquezas.

Compadécete de los demás
y te harás bien a ti mismo;
pero si les haces daño,
el daño te lo harás tú.

Las ganancias del malvado
no son más que una mentira;
la verdadera ganancia
consiste en hacer el bien.

El premio del bueno es la vida,
y el del malvado es la muerte.