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Lucas 18:1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14

Lucas 18:1 NVI

Jesús contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse.

Lucas 18:2 NVI

Les dijo: «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie.

Lucas 18:3 NVI

En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario”.

Lucas 18:4 NVI

Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie

Lucas 18:5 NVI

como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible”».

Lucas 18:6 NVI

Continuó el Señor: «Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto.

Lucas 18:7 NVI

¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?

Lucas 18:8 NVI

Les digo que sí les hará justicia y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?».

Lucas 18:9 NVI

A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola

Lucas 18:10 NVI

«Dos hombres subieron al Templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos.

Lucas 18:11 NVI

El fariseo, puesto en pie y a solas, oraba: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni como ese recaudador de impuestos.

Lucas 18:12 NVI

Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo”.

Lucas 18:13 NVI

En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!”.

Lucas 18:14 NVI

»Les digo que este y no aquel volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».