Juan 18:1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 19, 20, 21, 22, 23, 24
Juan 18:1 NVI
Cuando Jesús terminó de orar, salió con sus discípulos y cruzó el arroyo de Cedrón. Al otro lado había un huerto en el que entró con sus discípulos.
Juan 18:2 NVI
También Judas, el que lo traicionaba, conocía aquel lugar porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.
Juan 18:3 NVI
Así que Judas llegó al huerto, a la cabeza de un destacamento de soldados y guardias de los jefes de los sacerdotes y de los fariseos. Llevaban antorchas, lámparas y armas.
Juan 18:4 NVI
Jesús, que sabía todo lo que iba a suceder, les salió al encuentro. —¿A quién buscan? —preguntó.
Juan 18:5 NVI
—A Jesús de Nazaret —contestaron. Jesús dijo: —Yo soy. Judas, el traidor, también estaba con ellos.
Juan 18:6 NVI
Cuando Jesús dijo: “Yo soy”, dieron un paso atrás y se desplomaron.
Juan 18:7 NVI
—¿A quién buscan? —volvió a preguntar Jesús. —A Jesús de Nazaret —repitieron.
Juan 18:8 NVI
Jesús contestó: —Ya dije que yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan.
Juan 18:9 NVI
Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho: «De los que me diste ninguno se perdió».
Juan 18:10 NVI
Simón Pedro, que tenía una espada, la desenfundó e hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. (El siervo se llamaba Malco).
Juan 18:11 NVI
—¡Vuelve esa espada a su funda! —ordenó Jesús a Pedro—. ¿Acaso no he de beber el trago amargo que el Padre me da a beber?
Juan 18:12 NVI
Entonces los soldados, su comandante y los guardias de los judíos arrestaron a Jesús. Lo ataron
Juan 18:13 NVI
y lo llevaron primeramente a Anás, que era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año.
Juan 18:14 NVI
Caifás era el que había aconsejado a los judíos que les convenía más que muriera un solo hombre por el pueblo.
Juan 18:15 NVI
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Y, como el otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, entró en el patio del sumo sacerdote con Jesús
Juan 18:16 NVI
Pedro, en cambio, tuvo que quedarse afuera, junto a la puerta. El discípulo conocido del sumo sacerdote volvió entonces a salir, habló con la portera de turno y consiguió que Pedro entrara.
Juan 18:17 NVI
—¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre? —le preguntó la portera. —No lo soy —respondió Pedro.
Juan 18:19 NVI
Mientras tanto, el sumo sacerdote interrogaba a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza.
Juan 18:20 NVI
—Yo he hablado abiertamente al mundo —respondió Jesús—. Siempre he enseñado en las sinagogas o en el Templo, donde se congregan todos los judíos. En secreto no he dicho nada.
Juan 18:21 NVI
¿Por qué me interrogas a mí? ¡Interroga a los que me han oído hablar! Ellos deben saber lo que dije.
Juan 18:22 NVI
Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí cerca le dio una bofetada y le dijo: —¿Así contestas al sumo sacerdote?
Juan 18:23 NVI
—Si he dicho algo malo —respondió Jesús—, demuéstramelo. Pero si lo que dije es correcto, ¿por qué me pegas?
Juan 18:24 NVI
Entonces Anás lo envió, todavía atado, a Caifás, el sumo sacerdote.





