2 Corintios Invitación a
NVI
Invitación a
2 Corintios
En 1 Corintios Pablo escribió que se quedaría en Éfeso un poco más tiempo y luego visitaría las iglesias de Macedonia. Tomaría las ofrendas que habían recaudado para los pobres y de allí seguiría a Acaya (página 1Co 16:3). Así, pues, los corintios se sorprendieron cuando lo vieron llegar a su ciudad antes de ir a Macedonia. Estaban avergonzados también porque no habían estado apartando el dinero y su propia colecta no estaba lista. Acusaron a Pablo de no ser fiel a su palabra por decir una cosa y hacer otra. Un hombre en particular parece haber ofrecido un gran reto a su liderazgo. Luego de esta confrontación, Pablo se fue abruptamente, diciendo que regresaría a Corinto para recoger la ofrenda y luego continuaría hacia Macedonia.
Pablo regresó a Éfeso y envió a su colaborador Tito a Corinto con una carta incisiva de amonestación. En ella demandaba que el hombre que lo había retado fuera disciplinado. Se suponía que Tito trajera una respuesta de parte de los corintios. Pero una vez más Pablo se vio obligado a cambiar sus planes de viaje. Un disturbio irrumpió en Éfeso en contra de los mensajeros de Jesús. Pablo tuvo que esconderse por razones de seguridad (página Hch 20:1). Cuando por fin pudo viajar, fue a Troas, donde concertó una reunión con Tito.
Pero, cuando no pudo hallarlo, continuó su viaje a Macedonia. Allí encontró a Tito y supo que los corintios habían reafirmado el respeto por su autoridad y disciplinaron al hombre que lo había retado. Pero Tito también le informó sobre una nueva amenaza. Algunos maestros judeocristianos itinerantes habían llegado a Corinto llevando impresionantes cartas de presentación. Se llamaban a sí mismos superapóstoles y estaban comenzando a ganar seguidores. Estaban demandando que Pablo demostrara sus propias credenciales.
Así es que Pablo hubo de enfrentar varios retos antes de regresar a Corinto. Tuvo que asegurarle a los corintios que todo estaba ahora perdonado. Debió explicar por qué había tenido que cambiar sus planes de viaje otra vez. Aún necesitaba ayudarlos en sus arreglos para la ofrenda. Y, finalmente, tuvo que responderles a los que se autoproclamaban superapóstoles. Hizo todas estas cosas en la carta que conocemos como 2 Corintios. Esta revela los triunfos y luchas que resultan cuando la vida de la era presente se encuentra con la realidad de la irrupción del reino de Dios.
El cuerpo principal de esta carta tiene cuatro partes. Cada una de ellas tiene como introducción una referencia a un lugar:
Hermanos, no queremos que desconozcan las aflicciones que sufrimos en la provincia de Asia (páginas 2Co 1:8—2:11);
Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, descubrí que el Señor me había abierto las puertas. Aun así, me sentí intranquilo por no haber encontrado allí a mi hermano Tito (páginas 2Co 2:12—7:4);
Cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún descanso, sino que nos vimos acosados por todas partes: conflictos por fuera, temores por dentro (páginas 2Co 7:5—9:15);
Les ruego que cuando vaya [a Corinto], no tenga que ser tan atrevido como me he propuesto ser con algunos que opinan que vivimos según criterios meramente humanos (páginas 2Co 10:1—13:10).
En las cuatro partes de esta carta, Pablo se muestra en estos diversos lugares. Al recordar o anticipar el estado de su relación con los corintios, se presenta a sí mismo desde cuatro perspectivas diferentes.
Aun así, un solo tema corre a través de toda la carta: Dios nos confortará en todas nuestras aflicciones y podemos ofrecernos esa misma consolación los unos a los otros. Sin embargo, al final, en la sección de la confrontación, Pablo tiene que hacer que los corintios se sientan incómodos; algo que no quiere hacer, aunque no le quedó otra opción. Pero termina su carta con una nota de esperanza, llamándolos a regocijarse en la gracia, el amor y la comunión de Dios.
2 Corintios

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© 1999, 2015 por Biblica, Inc.®

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